lunes, 24 de agosto de 2009

te pertenezco y eres miO-

Durante mucho tiempo deseé que ese sueño se hiciera realidad, aquel pensamiento en el cual tu aparecías y no marchabas nunca. Y aquel dulce pensamiento cobró vida aquella mañana, para deleitarme y hacerme feliz.Y amaneció aquella mañana, dejándose ver el sol, perezoso, entre medio de unas nubes que se unían, como hacía solo unos instantes nos habíamos unido tu y yo, abrazándose entre ellas, queriendo ahogar a un sol dispuesto a dar lo mejor de él mismo, a nunciarse con fuerza. Colándose por los agujeros de aquella ventana de madera verde, unos pocos y difusos rayos de sol penetraban en la habitación dibujando, en medio de una ligera penumbra, nuestros cuerpos desnudos. La ropa, mal doblada, más bien lanzada como si hubiéramos tenido prisa, como si el tiempo de este mundonos faltase para amarnos, hacía que todo pareciera aún más sentido que un propio sueño. Ni siquiera te quería tapar con las sábanas. Quería verte desnudo, arraigado a la cama... quería verte entero, gozar de ese momento que guardaría para siempre jamás, que recordaría hasta el fin. Quería ver toda tu piel que con tanto tacto y sentimiento había estado ligada a la mía durante un rato, un rato que me había hecho sentir que estaba con tigo paseando por aquellas mismas nubes... Timidamente pasé mi mano temblorosa, miedosa, por si en realidad eras un sueño, por tu cara, relajada y dormida profundamente. Suaves tus labios y fuerte tu nariz... tu respiración, húmeda y caliente ahogaba mis suspiros... estabas con migo. Tu torso, caliente ofrecía a mi mano el latido de tu corazón, un corazón que por ahora latía por y para mí, que hervía a mi lado, un corazón que me pertenecía, y un lento y profundo gemido salió de dentro tuyo, que me hizo volver a sentir viva, que eras real. Siguiendo el recorrido de tu vello, como chorreando por él, liándolo en mis dedos. Me excitó pensar que solo unas horas antes ese hombre que yo tanto había idolatrado me había dominado, había penetrado en lo más hondo de mis entrañas, dándome ese placer, repetidamente, dejándome tus marcas, haciéndome sentir que te pertenezco y que eres mío, solo para mi en esos momentos, haciéndome, más bien dicho que nunca, el amor. Me excité pensando que te me habia ofrecido con todas mis ganas, que sintí la humedad y el calor de tu boca, el dulce rastreo de tu lengua, el raspeo de tu barba, aquellos labios que tanto deseé besar. Y, sí, me acuerdo de sentir tu duro cetro en mi boca, provando su salado sabor, sintiendo todas sus endiduras y formas, toda su fuerza, dominado por la ansia que me hacía comértela hasta llegar a ahogarme para agradecerte el placer que me estabas proporcionando... Excitada de seguir oliendo nuestro sudor en el aire, un sudor mezclado con amor, un olor a cuerpos desnudos que habían dejado caer su amor uno sobre el otro, el olor a saliva que impreganaba nuestra piel de tantos besos...Y ví como su cuerpo volvia a estar pidiéndome que lo volviera a amar, que le volviese a dar placer. Hipnotizado, como quien escucha un bello canto, lo hice entrar suavemente en mi boca como si fuese el trofeo más dulce de este mundo, poco a poco, sintiendo las vibraciones que me ofrecía la salida de tu primera muestra de éxtasis. Te despertaste de repente, agarrandome del cabello, como dando tu conplacencia, ofreciéndome tu consentimiento para hacerte gozar, tu cara, hermosa me hizo querer que te quedaras así para siempre, en esa postura. haciéndome tu ama, de mi dominio... Fui metiendome en ti, dúlcemente, sintiendo tu cuerpo dandome todo lo qe queria. Y te lamí la espalda como si quisiera deshacerla en mi boca, mordiéndote el cuello, lamiéndote las orejas, para notar que tu piel se erizaba, para sentir tus escalofrios y temblores, agarrandote de los hombros para poder sentirte aún más a dentro, escuchando tus suspiros, me tomabas de las piernas para hacer mis envestidas más fuertes, mis empujones más secos... y Justo antes de terminar me miraste dandome vuelta para hacerme partícipe de ella, me esperaste para poder volar juntos, y nos abracemos juntando nuestra piel, nuestros vientres, mezclandonos . Abrazados, mirándonos a los ojos, sin decirnos nada con la boca, por la manera de mirarnos, por nuestras caricias, por nuestra piel, con las manos agarradas como símbolo de nuestra unión, fue bastante para saber que te pertenecía, y que tu, sí tu amado, eras mio. Y poco a poco nuestros ojos se fueron cerrando, cansados, dormidos otra vez, juntando nuestros cuerpos, para hacernos saber que estabamos juntos, mojados de amor, plenos de placer, juntos para siempre !

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